Escapada a Edimburgo, 3 días

Edimburgo es una ciudad enigmática y preciosa, y aunque es la segunda más grande de Escocia por detrás de Glasgow, es perfecta para disfrutarla en una escapada de 2-3 días.

No sólo está cargada de encanto por todos sus rincones, también se dice que está “encantada”. Lo corroboran las inumerables historias de fantasmas y brujas que se conocen y se cuentan, relacionadas con sucesos que ocurrieron siglos antes en la ciudad. De hecho es considerada la capital de la parapsicología porque tiene varios lugares con actividad de Nivel 3, el máximo nivel que se otorga, porque se escuchan, se ven y se sienten cosas inexplicables (contenido para Cuarto Milenio total 🙂 ).

El halo de misterio que la envuelve se acentúa al llegar la noche por los inmumerables “closes” (callejones) estrechos y oscuros que caracterizan la ciudad, escenarios de muchas de las historias que se relatan.

Su centro histórico está divido en 2 zonas la Old Town (ciudad antigua) y la New Town (ciudad nueva), declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Edimburgo tiene innumerables atractivos por descubrir… A continuación os dejo mi itinerario perfecto para aprovechar al máximo la estancia sin perderos nada de interés:

Día 1: Old Town

Comenzaría con la visita al Castillo, la atracción principal de Edimburgo. Si viajais en temporada alta lo mejor es ir a primera hora, porque se pone hasta la bandera de turistas y se forman largas colas en la entrada principal y en los accesos a los lugares que hay para ver.

La visita se puede alargar unas 3 horas, pero si queréis hacerla más rápida, lo mejor es disfrutar del exterior (desde las almenas se tienen unas vistas increíbles de la ciudad) y en el interior centraros en el Gran Salón, las Joyas de la Corona Escocesa y la Exposición prisiones de guerra. Para los menos madrugadores, si a las 13 h. continuais por allí, no os podéis perder el One O’Clock Gun, un cañón de la II Guerra Mundial que dispara todos los días, salvo los domingos, a esa hora.

Al salir del Castillo desembocaréis en la Royal Mile, la calle más importante del Casco Antiguo de Edimburgo, que recibe su nombre porque mide una milla escocesa (1’8 km). Conecta el Castillo con el Palacio de Holyroodhouse, la residencia oficial de la Reina Isabel II en Escocia. Está siempre muy animada porque está repleta de tiendas, bares y restaurantes. Muy orientada al turismo vamos.

En ella se encuentran 2 visitas imprescindibles, la Catedral de St. Giles y el Real Mary King’s Close. Un callejón comercial subterráneo del S.XVII que se mantiene intacto. Quedó sellado junto a otros 4 y situado bajo edificios que se fueron construyendo encima. El laberinto de callejuelas que forman es lo que se conoce como la “ciudad subterránea” de Edimburgo. No os cuento más porque os reventaría la visita 😉 A nosotros nos gustó mucho.

Podríais ver atardecer subiendo a contemplar las vistas de la ciudad desde Arthur’s Seat. Pico rocoso de 251 m. al que se accede desde Hollyrood o desde el final de la Royal Mile, en un “paseito” en cuesta de 45 minutos.

Con el día ya terminando toca relajarse y disfrutar con tranquilidad de una buena cerveza y cenar. Opciones hay muchísimas, pero en la Old Town yo os recomiendo ir a GrassMarket (antiguamente era la principal zona de ejecuciones de la ciudad). Es una plaza muy animada llena de pubs y restaurantes que hoy en día se considera el corazón de la vida nocturna de Edimburgo.

Es una zona que pilla cerca del Castillo asi que deberéis volver de nuevo por la Royal Mile, pero estaréis allí en un suspiro.

Día 2: Old Town y New Town

El segundo día comenzaría con una visita al Palacio de Holyrood último lugar de interés que dejamos pendiente del Old Town el día anterior. Como comentaba antes es la residencia de la familia Real en Escocia, aunque es famoso porque fué el hogar de la desafortunada Reina María I de Escocia (María Estuardo).

Palacio Holyroodhouse
Palacio de Holyrood

Desde el palacio nos dirigiremos hacia Calton Hill, uno de los mejores miradores de la ciudad. Esta colina de tan sólo 100 m. de alto, ofrece una excelente panorámica del Castillo, Holyrood, la New Town, Princes Street y el estuario del Forth.

Allí se encuentra una extraña colección de monumentos neoclásicos de inspiración griega que hacen que se la conozca como la “Atenas del Norte”: la Royal High School inspirada en el templo de Teseo de Atenas, el National Monument intento de réplica del Partenón de Atenas y el Monumento a Nelson, una especie de torre parecida a un telescopio invertido.

Calton Hill
Calton Hill

Bajando de Calton Hill iremos a parar a Princes Street, la calle comercial más importante de la New Town, que compite en importancia con la Royal Mile de la Old Town. Desde ella se tienen unas vistas estupendas del Castillo y del perfil del Old Town.

El conocido Monumento a Scott, erigido en honor del escritor escocés del S. XIX Sir Walter Scott, de estilo gótico y corte victoriano, se encuentra en los Princes Street Gardens.

Monumento a Scott
Monumento a Scott

En paralelo a Princes Street está la calle Rose Street, un lugar perfecto para hacer una paradita. En nuestra estancia paseamos por ella de casualidad y fué una grata sorpresa porque tenía mucho ambiente. Os la recomiendo porque está llena de pubs, en ocasiones con conciertos en directo, y restaurantes de todo tipo.

Después de cenar, los que os hayáis quedado con ganas de saber más sobre historias truculentas de fantasmas y brujas, tenéis la opción de hacer un tour de fantasmas por la noche. Normalmente se contratan en agencias que se encuentran en la Royal Mile. Nosotros hicimos uno con guía española y fue bastante curioso. Tuvimos suerte porque la noche era ideal y la claridad de la luna entre tanta lápida y callejón, contribuyó a aumentar la sugestión  ;).

El tour consistió en un recorrido por la ciudad que nos llevó desde “closes” oscuros y solitarios a cementerios como el Old Calton Cemetery, donde está enterrado el filósofo David Hume. Este cementerio se encuentra en Calton Hill, regresar allí por la noche nos permitió ver de nuevo los monumentos y la ciudad desde otro estupendo y sorprendente punto de vista.

Día 3: Puerto y alrededores de Edimburgo (Roslin)

Para los que dispongáis de un tercer día os recomiendo 2 últimas cosas que ver antes de partir.

Por la mañana haría una excursión al pueblo de Roslin para conocer su pequeña pero preciosa Capilla Rosslyn. Asociada a la masonería, los caballeros templarios y el Santo Grial, es quizás uno de los lugares más fascinantes de Escocia. Se ha hecho muy famosa porque aparece en la exitosa novela y en la película El Código da Vinci. Es una auténtica joya que no os defraudará.

Roslin está a unos 11 km de distancia de Edimburgo. La mejor forma de llegar es en autobús. En la oficina de turismo de la Waverley Station, cerca de Princes Street, os informarán de todo sin problema. Los autobuses, de la compañia Lothian, salen cada 40 minutos aproximadamente, y es en la misma calle Princes Street donde se cogen y te dejan al regresar.

La tarde la reservaría para visitar Leith, el puerto de Edimburgo. Eso sí, siempre que el tiempo acompañe… Por allí podéis dar un bonito paseo y ver el Yate Real Britannia, el barco de la familia real de 1953 a 1997, que permanece amarrado en la Ocean Terminal. Leith está a 3 km del centro de la ciudad y se puede llegar también con los autobuses de Lothian.

Hasta aquí el itinerario, si tenéis en mente una escapada a Edimburgo creo que os será de utilidad. Se acerca la Semana Santa…, ¿no sería genial?

Este tercer post completa la serie sobre Escocia. Tenéis más información en Apuntes de interés y Escocia en 11 días 🙂

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París, más sombras que luces

Llevábamos un tiempo queriendo regresar a París. Hacía más de 10 años que estuvimos por primera vez en una visita relámpago, y teníamos algo pendiente con la ciudad.

El mes pasado coincidiendo con mi cumpleaños, se presentó la oportunidad perfecta para hacer una escapada de 3 días; pero las cosas se torcieron y lo que planeamos no salió del todo bien. Lo digo porque… ¿qué probabilidad puede haber de que el mismo día que llegamos a la ciudad, se produjeran los gravísimos atentados terroristas del 13 de noviembre? Pues eso fue lo que nos ocurrió.

Digerida un poco la impresión y el susto inicial, imaginaos como estaban nuestros familiares y amigos, había que pensar cómo abordar nuestra estancia. Sabíamos que la ciudad estaría en jaque los días siguientes, y que todos los lugares donde habitualmente se concentra la gente, museos, edificios y monumentos, estarían cerrados. Así que tuvimos que hacernos a la idea de que iba a haber muchos sitios, sino todos, a los que no íbamos a poder acceder.

Disponíamos por tanto de todo el tiempo del mundo para recorrer a pie la ciudad. Además el tiempo acompañó.

Calzados con nuestras zapatillas más cómodas y con el miedo en el cuerpo, para qué negarlo, salimos decididos a disfrutar lo máximo posible lo que París nos ofrecía.

Nuestro hotel, el Monte Carlo, chiquitín, coqueto y no apto para altos (el techo del baño, el del nuestro por lo menos, estaba como a 1,80 m de altura 😉 ), se encuentra muy bien ubicado en el centro y eso nos permitió explorar por zonas la ciudad.

Este fue el itinerario que planteamos para los 3 días y que, salvo en momentos puntuales en los que usamos el metro, hicimos a pie:

Primer día: Montmartre, Campos Eliseos y Los Inválidos

El sábado emprendimos camino hacia el empinado barrio de Montmartre, conocido como el barrio de los pintores, donde Van Gogh, Renoir y Picasso entre otros, pasearon buscando a las musas. Todo en Montmartre rebosa encanto, sus calles adoquinadas con sus cafés típicos parisinos, sus tiendas de artesanos, los artistas callejeros que exponen sus obras… Desde allí además se pueden disfrutar unas vistas impresionantes de la ciudad.

Los menos andarines podéis coger la línea 2 del metro, parada Anvers y luego un funicular que te lleva hasta arriba. Aunque mi recomendación es que merece la pena hacerlo andando. El paseo no es muy largo y llegar a pie por la escalinata a la cima bien merece el esfuerzo, porque allí espera paciente la Basílica del Sagrado Corazón. Es el punto más alto de París, y tuvimos la suerte de encontrarla abierta.


Bajando de la colina bordeando el famoso cementerio de Montmartre, fuimos hasta el Moulin Rouge. El archi conocido cabaret parisino está situado en el Boulevard de Clichy en el “Barrio Rojo”, que está lleno de Sex Shops, locales de espectáculos eróticos y salas de cine X. La zona tiene pinta de animarse mucho por la noche, y de ser un poco insegura también.


Por la tarde nos acercamos en metro hasta los Campos Eliseos (Línea 2, Línea 13, parada Champs Elysées-Clemenceau)  para seguir paseando por la Avda. Winston Churchill y ver los preciosos edificios del Petit Palais, que aloja el Museo de Bellas Artes, y el Grand Palais, Museo de la Ciencia y Exposiciones. La avenida termina en el puente de Alejandro III, el más ornamentado de París.

Al otro lado del puente se encuentran Los Inválidos y la Iglesia del Dome conocida por su cúpula dorada de 100 metros de altura y porque la tumba de Napoleón se haya en su cripta.


Seguimos nuestro recorrido para entrar en el Campo de Marte, y desde allí admirar de frente la Torre Eiffel, la dama de hierro francesa. Fue una visión diferente, extraña, porque estaba sin luces en señal de duelo.

Cambiamos de margen del río por el puente de I’ena para pasear por Trocadero y sus fuentes y rematar la jornada viendo el Arco del Triunfo, perfecto representante de las victorias del ejército francés al mando de Napoleón.


El día se hizo largo y fue raro, se respiraba tristeza en el aire por la poca gente en las calles, por la cantidad de bares y restaurantes cerrados y sobre todo por el silencio que reinaba en general.

Segundo día: Le Marais, Isla de la Ciudad y Barrio Latino

El domingo amaneció con un espectacular día soleado. Teníamos en nuestros planes acercarnos al Sena para coger el Batobus, que es un servicio de barcos que recorren el centro de la ciudad haciendo paradas, y permiten disfrutarla desde otro punto de vista. Ya sé que suena a la típica turistada, pero nos lo habían recomendado mucho, y al final nos quedamos con las ganas porque el servicio estaba suspendido.

Nos dirigimos andando hacia la Plaza de la República, esos días convertida en el lugar de homenaje a las víctimas, con gran concentración de parisinos, turistas y medios extranjeros. Estando allí sentíamos las emociones a flor de piel.

Después nos adentramos en el barrio de Le Marais, donde lo antiguo y lo moderno conviven armoniosamente en sus calles, llenas de tiendas, cafés y bares. Para acercarnos al Museo Georges Pompidou, con una arquitectura moderna que nos dejó con la boca abierta. En él pueden disfrutarse obras maestras de Picasso, Matisse y Miró.


Tras la paradita para comer cogimos rumbo a la Plaza de la Bastilla, lugar simbólico de la Revolución Francesa, desde donde nos dirigimos por el Puerto del Arsenal hacia la Isla de La Ciudad. Allí está enclavada Notre Dame, una de las catedrales góticas mas antiguas del mundo, dedicada a la Virgen María. A estas alturas sobra decir que estaba cerrada. Además todo había sido vallado para impedir aglomeraciones en el acceso principal, y había mucha policía alrededor controlando. Nos tuvimos que conformar con sacar unas cuantas fotos haciendo malabarismos.


El día estaba terminando y queríamos cenar en el Barrio Latino, uno de los más animados de París por la cantidad de oferta de ocio que puede encontrarse en los Boulevares de St. Michel y St. Germain, sus arterias principales. Pero aún nos quedaba llegar hasta el Panteón. Considerado el primer monumento de importancia de París, alberga las tumbas de personajes ilustres como Rousseau, Victor Hugo, Voltaire, Marie Curie, Luis Braille, Jean Monnet o Alejandro Dumas. Lo vimos por fuera, porque para nuestra desgracia, también estaba cerrado.

En las inmediaciones también se localiza la prestigiosa Universidad de la Sorbona.

Tercer día: Ópera y Las Tullerías

El lunes salimos del hotel cruzando los dedos, esperando encontrar por lo menos el Louvre abierto; pero antes de descubrir si habíamos tenido suerte, seguimos visitando algunos de los muchos lugares que aún nos quedaban por ver.

Nuestro recorrido comenzó en el impresionante Palacio Garnier de la Ópera de París. Desde allí nos dirigimos hacia la Plaza de la Concordia con el curioso Obelisco de Luxor, construido por Ramsés II, en el centro. Esta plaza es la más grande de París y se encuentra en una ubicación envidiable rodeada de bellos edificios y fuentes, al inicio de los Campos Elíseos.
Recibe su nombre actual después de la época del terror. Anteriormente se la llamaba la plaza de la Revolución, porque en esa época se instaló allí la guillotina donde murieron decapitadas unas 1.100 personas, entre ellas Mª Antonieta y Luis XVI.


Era hora de irse acercando al Louvre así que emprendimos camino paseando por el Jardín de Las Tullerías. Hacia la margen del Sena, se encuentra situado el Museo de Orangerie, conocido por sus obras impresionistas y justo al otro lado del río está el Museo de Orsay, dedicado a las artes plásticas del S. XIX. Se pueden visitar los 2 con una entrada combinada. A los que tengáis prevista una escapada os recomiendo que echéis un vistazo a la Paris Pass, que ofrece importantes descuentos, entradas gratis a museos, atracciones…


Pudimos dar un buen cierre al viaje porque, siiiii!, el Louvre estaba abierto por la tarde. Es un museo impresionante, uno de los más importantes del mundo. Por la falta de tiempo tuvimos que centrarnos en ver lo que más nos interesaba, como a casi todos, La Gioconda de Leonardo da Vinci, Los Aposentos de Napoléon III, el Escriba sentado, La Venus de Milo y el Cautivo de Miguel Ángel entre otras cosas. Nos quedamos con ganas de más…

Fueron sólo 3 días completos en la ciudad, días realmente complicados en los que no pudimos llegar a estar relajados del todo. Las sensaciones fueron tan agridulces y nos han quedado tantas cosas por ver, que seguimos teniendo una espinita clavada con la ciudad.

Sin duda regresaremos.  À bientôt Paris!